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viernes, 21 de marzo de 2014

Las cosas que aprendí de mi Madre que me ayudan a salvar a mi Madre Tierra


A veces pensamos que es muy difícil ser verde, que estamos muy acostumbrados al estilo de vida del siglo XXI, que la comida sale calientita y rápida de McDonalds, que el microhondas lo resuelve todo, que las frutas de Sam's Club son las más frescas, que no podemos respirar sin aire acondicionado, que no podemos vivir sin bolsas plásticas, que es muy caro comer saludablemente...

Mientras crecia recuerdo muchas costumbres de mi madre que me parecían un poco absurdas y anticuadas, y juraba que, cómo los tiempos han cambiado, yo no sería así. ¡Que equivocada estaba! Mi madre me enseño con su sabiduría casera, a ser la mejor hija de ésta nuestra Madre Tierra. Desde el uso inteligente de materiales, recursos y espacio, hasta el conservar energía y alimentos, aprovechando lo disponible, sustituyendo lo tóxico por los natural y causando menos impacto en el ambiente.

Mi mamá no compraba papel toalla, escurriría los plátanos fritos en bolsas de papel re-usadas, usaba el trapito de fregar hasta la extinción, aplastaba las latas y envases de plástico vacíos para ahorrar espacio, reusaba las bolsitas zip lock hasta el cansancio, reusaba los envases plásticos de mantequilla para guardar comida en la nevera en vez de comprar envases tupperware. Todo esto lo hace todav ía y yo tambi én.

Mi madre se ha opuesto a comprar secadora de ropa, se ha tostado la piel por d écadas en el patio secando toda la ropa al sol, usa pinches de ropa para sellar mejor bolsas en uso de galletas, cereales y otras cosas en la cocina para conservar su frescura por más tiempo. No recuerdo a mi mamá botando comida, jamás. Se inventa un platillo de lo que haya en la nevera, o en el árbol del patio, o con lo que esté en especial en el mercado (que a su vez es lo que está en temporada). Mi madre conoce todas las frutas, vegetales, viandas, hortalizas, plantas, árboles y flores por su nombre, sábe qué hacer con cada uno de ellos: los comestibles, los medicinales, los que aromatizan, los que pican...los ha utilizado todos y los aprovecha. Esto lo aprendió a su vez de su madre, en tiempos en que obviamente no tenian más opción que utilizar los recursos a su alcance y a su disposición. Que gran riqueza es esa, la que vivián los pobres de principios del siglo pasado.

Mi mami ha sido la primera ecologista que yo he conocido. Ella arroja las c áscaras de frutas y vegetales en el patio para alimentar a las gallinas (y a su vez alimentar a la tierra), limpia cristales con vinagre (en vez de comprar windex) desde mucho antes que se pusiera en boga, añade limón a los trastes para cortar la grasa, añade agua al líquido de fregar para rendirlo. Ella sabe utilizar al m áximo los recursos que abundan, conservando los escasos. Nunca ha confiado en el horno de microhondas y le molesta el aire acondicionado. Posee ropa de los años 70 en el armario de uso diario y reusa las piezas que más le gustan hasta el cansancio, remendando y reparando según sea necesario. Yo quiero ser como ella.

Acá los gringos contemporáneos educan a sus hijos en la conservación del planeta y cantan canciones sobre my best fried earth. Nosotros, los Boricuas e Hispanoamericanos, la llamamos Madre Tierra. Maternal concepto heredado del sur: Pachamama o Mama Pacha (Madre Tierra), gran deidad entre los pueblos indígenas de los Andes. Que dulce nombre: emotivo y personal. Que otra relación más cercana e influyente que la de una madre: nacemos, aprendemos de ella y, después de recorrerla, volvemos a ella.

A mi madre, ahora sólo falta convencerla de que las latas, botellas, plásticos y papeles que hay que sacar aparte, sí serán reciclados. Que se los llevan a un lugar aparte de la basura y efectivamente se procesan y eventualmente se reusan o reciclan. En eso la podría ayudarla Tenoch, que ya sabe dónde va todo papel, cartón, plástico y caja en la casa: a la bolsa del reciclaje.
 
Este artículo fué originalmente publicado por Marixsa el 5 de abril de 2010

viernes, 7 de diciembre de 2012

Un arbolito de lo que Sandy dejó

La tormenta tropical Sandy pasó dejando devastación y daños a muchos en el area de Nueva York, y a unos tantos en Brooklyn. A pesar de no haber sufrido daños de cerca, sí sentimos la devastación en nuestro alrededor y el cambio de paisaje ha sido desolador y asombroso. 

 

Arboles destrozados, hechos trizas, arrancados de raiz...


Ramas, muchas ramas y ramitas caidas que diariamente nos invitan a ser recogidas y maniobradas (por manos pequeñitas y traviesas) antes ser trituradas y conviertidas en composta.


Hicimos un arbolito de navidad con las ramas tiradas por Sandy y recogidas en el parque.


Organizamos las ramas por tamaño.


Las amarramos con soga fina, dándole una vuelta a cada ramita, manteniédolas juntas con presión y amarrando un nudo simple cada 3 o 4 ramitas.

 

Las unimos a la derecha, luego a la izquierda.


E hicimos una estrella con 3 ramitas pequeñitas, forradas en soga.


Con la misma soga unimos el árbol a la estrella y lo colgamos en la ventana por la que vemos nuestro pedacito de Brooklyn.
 
  

Es todo lo que tenemos por arbolito de navidad éste año, pero lo contruímos nosotros mismos, con nuestras propias manos y con el fruto caido de nuestra propia tierra.

¡Felices tiempos de decoración con manitas infantiles!


martes, 4 de diciembre de 2012

Cositas hechas a mano

Entre paseos frecuentes explorando nuevos rincones de Brooklyn (y mirando casas), entre tormentas (tropicales del caribe y nevadas del noreste), entre entrevistas de trabajo, trabajo freelance y cumpleaños impromptu... hemos sobrevivido el otoño calientitos, trabajando, jugando y hasta creando un poco con las manos.

Les comparto aquí algunas creaciones artesanales dónde todos hemos metido mano...

  Altar del día de muertos con flores de papel
 
Girnalda "pop art" para cumpleaños
  

Girnalda de conos de pino
 
Pantalones de lana reciclada 
 

Arbol navideño hecho de ramas tumbadas por Sandy

Pronto les cuénto cómo las hicimos, comparto fotos del proceso y les digo que más hay nuevo en la cesta de las manualidades.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Pañales de tela: mi manera de ahorrar y ser natural


Decidí usar pañales de tela después de una investigación intensa en blogs y revistas de mamás y estilo de vida natural. Mi objetivo principal era ahorrar dinero, además de procurar materiales naturales para mi bebé y a la vez, reducir la cantidad de basura en el planeta.

Logré mis objetivos, pero requirió invertir muchas más horas de investigaión para encontrar la fórmula que funcionase para mí. Existes decenas de tipos de pañales re-usables y una gran variedad de marcas a escoger. Muchos de los pañales de tela de hoy no se parecen a los que usaban nuestras abuelas, pero son también costosos y requieren que tengas un buen presupuesto para esa primera inversión. 

Una bebé feliz con sus pañales limpios

Yo buscaba economía ante todo, ya que me dirigía hacia la maternidad con la promesa de cuidar a mi chiquillo a tiempo completo y no trabajar fuera de casa mientras estaba con él. Saqúe las cuentas, estimé los pormenores y finalmente me decidí por los tradicionales pañales planos, pinchados con ganchos (no imperdibles) y recubiertos de cobertura impermeable.


Esta fué la combinación que me ayudó a ahorrar usando pañales de tela:

1. El tradicional pañal de tela: Se encuentra en casi cualquier tienda por departamento a un precio accesible (menos de $2 por pañal). Yo quería asegurarme de poder conseguir más pañales en caso de no poder lavar cuándo andara corta de pañales limpios. Marcas cómo Gerber ofrece variedades de pañales cómo los pre-doblados, planos o de fibras orgánicas. Puedes hacerte de un arsenal de 30 pañales por como $60. 

El pañal de tela tradicional
 
2. El gancho para cerrar el pañal: Sustituye al imperdible y es más fácil de usar. Con ganchos para pañales cómo los SNAPPI® Diaper Fastener puedes pinchar el pañal del bebé con una sólo mano, dejándote la otra mano disponible para aguantar a tu bebé. Un paquete de dos Snappi cuesta $6.

Ganchos para pañales marca Snappi

3. Las coberturas impermeables: Encontré modelos muy sencillos, con buenas críticas que también eran muy económicos cómo los Bummis Super Lite, por desde sólo $10 cada uno. Mi inversión inicial fué de tres coberturas en tamaño mediano, así que gasté de $35-$40.


Coberturas impermeables para pañales de tela marca Bummis

4. Las bolsas para pañales mojados: Me parecía mucho pagar $20 a $30 dólares por una bolsa para pañales sucios así que saqué la máquina de coser y la hice yo, utilizando la tela impermeable de una bolsa de lavandería regular (de la tienda de 99 centavos). De una sóla bolsa comprada saqué una bolsa grande y tres pequeñas para los pañales que se ensucian mientras ando fuera de casa. Costo total de $1.

Bolsas para pañales mojados hechas en casa

5. La máquina de lavar: No tengo máquina de lavar en casa, vivo en la ciudad de Nueva York. Pero afortunadamente, en mi complejo de apartamentos, la lavandería está en el sótano del edificio, haciendo muy fácil las lavadas de pañales semanales. Los servicios de lavar pañales me parecían muy costosos así que no era una opción para mí. Los pañales “sucios” se deben de remojar y enjuagar, quitándole primero el desperdicio sólido y luego se ponen a lavar con los demás. Yo los lavo con un poco de jabón sin olor de Seventh Generation y mucho polvo de hornear (baking powder). Una vez al mes le añado blanqueador natural, también de Seventh Generation. Los productos de lavar de Seventh Generation cuestan de $5. en adelante.

Siento que economicé muchísimo en esos primeros años de crianza usando pañales de tela, y todo lo invertido lo re-usé con el segundo bebé. Me siento bién por haber reducido la basura de pañales desechables (que duran ciéntos de años en el planeta). Y hoy tengo dos niños felices que prácticamente no han sufrido rozaduras de pañal alguno. Y tú, ¿te atreves a probar los pañales que usó abuelita? ¿Creés que los pañales de tela te ayudarían a ahorrar?


Participa del Sorteo

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después de compartir éste artículo en Facebook, Google+, Twitter y/o Pinterest para tu oportunidad de ganar un mes de Pasta de Lassar (6 tubos cortesía de Pasta de Lassar de Andrómaco) y además un paquete de dos ganchos de pañales SNAPPI® Diaper Fastener, cortesía de Mamá Boricua en Brooklyn. No olvides de incluír tu correo electrónico en tu comentario.

El sorteo termina el domingo 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 de la medianoche y la ganadora será seleccionada al azar a través de Random Name Picker y contactada más tarde por correo electrónico.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Seguir siendo verde... todos los días


La tormenta de nieve del fin de semana nos dejó a todos sorprendidos y nos dejó también con menos árboles. Y es que no fué la mucha nieve sino lo inesperada. Ya a finales de octubre y el otoño no se había asomado bien por aquí, los árboles aún tienen casi todas sus hojas y hemos tenido más días de calor que de frío en éste último mes.

El calentamiento global es real y nos afecta a todos, todos lo días. Por eso no podemos cansarnos de optar tódos los días por maneras más amables de tratar nuestros recursos y nuestro planeta.

Como buenos neoyorkinos no tenemos un auto, pues confiamos en la transportación pública cuándo necesitamos viajar local. Pero si algún día decidimos tener un auto, consideraríamos seriamente uno híbrido.

La tecnología híbrida está avanzando y ofrece una buena combinación de economía de uso y reducción de emisiones de dióxido de carbono (y otros gases de invernadero). Además, nuevos modelos de autos híbridos hacen su aparición cada año y hasta compañias de autos económicos como Toyota, planifica introducir 11 modelos nuevos y/o re-diseñados desde ahora hasta finales del 2012.

Mientras tanto nosotros seguimos rodando fuera del pavimento.

Y tú, cómo optas ser verde?

Esta pieza ha sido escrita como parte de una campaña de LATISM (Latinos in Social Media) promoviendo un estilo de vida verde y ecológico.

lunes, 5 de abril de 2010

Las cosas que aprendí de mi Madre que me ayudan a salvar a mi Madre Tierra


A veces pensamos que es muy difícil ser verde, que estamos muy acostumbrados al estilo de vida del siglo XXI, que la comida sale calientita y rápida de McDonalds, que el microhondas lo resuelve todo, que las frutas de Sam's Club son las más frescas, que no podemos respirar sin aire acondicionado, que no podemos vivir sin bolsas plásticas, que es muy caro comer saludablemente...

Mientras crecia recuerdo muchas costumbres de mi madre que me parecían un poco absurdas y anticuadas, y juraba que, cómo los tiempos han cambiado, yo no sería así. ¡Que equivocada estaba! Mi madre me enseño con su sabiduría casera, a ser la mejor hija de ésta nuestra Madre Tierra. Desde el uso inteligente de materiales, recursos y espacio, hasta el conservar energía y alimentos, aprovechando lo disponible, sustituyendo lo tóxico por los natural y causando menos impacto en el ambiente.

Mi mamá no compraba papel toalla, escurriría los plátanos fritos en bolsas de papel re-usadas, usaba el trapito de fregar hasta la extinción, aplastaba las latas y envases de plástico vacíos para ahorrar espacio, reusaba las bolsitas zip lock hasta el cansancio, reusaba los envases plásticos de mantequilla para guardar comida en la nevera en vez de comprar envases tupperware. Todo esto lo hace todav ía y yo tambi én.

Mi madre se ha opuesto a comprar secadora de ropa, se ha tostado la piel por d écadas en el patio secando toda la ropa al sol, usa pinches de ropa para sellar mejor bolsas en uso de galletas, cereales y otras cosas en la cocina para conservar su frescura por más tiempo. No recuerdo a mi mamá botando comida, jamás. Se inventa un platillo de lo que haya en la nevera, o en el árbol del patio, o con lo que esté en especial en el mercado (que a su vez es lo que está en temporada). Mi madre conoce todas las frutas, vegetales, viandas, hortalizas, plantas, árboles y flores por su nombre, sábe qué hacer con cada uno de ellos: los comestibles, los medicinales, los que aromatizan, los que pican...los ha utilizado todos y los aprovecha. Esto lo aprendió a su vez de su madre, en tiempos en que obviamente no tenian más opción que utilizar los recursos a su alcance y a su disposición. Que gran riqueza es esa, la que vivián los pobres de principios del siglo pasado.

Mi mami ha sido la primera ecologista que yo he conocido. Ella arroja las c áscaras de frutas y vegetales en el patio para alimentar a las gallinas (y a su vez alimentar a la tierra), limpia cristales con vinagre (en vez de comprar windex) desde mucho antes que se pusiera en boga, añade limón a los trastes para cortar la grasa, añade agua al líquido de fregar para rendirlo. Ella sabe utilizar al m áximo los recursos que abundan, conservando los escasos. Nunca ha confiado en el horno de microhondas y le molesta el aire acondicionado. Posee ropa de los años 70 en el armario de uso diario y reusa las piezas que más le gustan hasta el cansancio, remendando y reparando según sea necesario. Yo quiero ser como ella.

Acá los gringos contemporáneos educan a sus hijos en la conservación del planeta y cantan canciones sobre my best fried earth. Nosotros, los Boricuas e Hispanoamericanos, la llamamos Madre Tierra. Maternal concepto heredado del sur: Pachamama o Mama Pacha (Madre Tierra), gran deidad entre los pueblos indígenas de los Andes. Que dulce nombre: emotivo y personal. Que otra relación más cercana e influyente que la de una madre: nacemos, aprendemos de ella y, después de recorrerla, volvemos a ella.

A mi madre, ahora sólo falta convencerla de que las latas, botellas, plásticos y papeles que hay que sacar aparte, sí serán reciclados. Que se los llevan a un lugar aparte de la basura y efectivamente se procesan y eventualmente se reusan o reciclan. En eso la podría ayudarla Tenoch, que ya sabe dónde va todo papel, cartón, plástico y caja en la casa: a la bolsa del reciclaje.